Mostrando entradas con la etiqueta ciudadanía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ciudadanía. Mostrar todas las entradas

viernes, 24 de mayo de 2019

El 26M o lo importante

Que tu ayuntamiento decida ceder gratuitamente el terreno más grande y más céntrico a un colegio del Opus Dei que segrega por sexos y discrimina a maestras divorciadas, en lugar de a un centro público, importa.

Que en tu comunidad un consejero de sanidad criminalice a los responsables de las unidades de paliativos y condene con ello a cientos de pacientes terminales a morir en el dolor, importa.
Que la Unión Europea “rebote” refugiados a países que no cumplen los parámetros básicos en derechos humanos para no afrontar los retos de los movimientos migratorios, importa.
Que se tomen decisiones determinantes para reducir (o no) la polución causada por vehículos diésel contaminantes, cuyas emisiones de dióxido de nitrógeno causan más de 6.000 muertes evitables al año en España, importa.
Que haya miles de personas con una prestación por dependencia reconocida que no la cobran por estar en la lista de espera de su comunidad autónoma, importa.
Que políticas liberales despiadadas obliguen a estados miembros a actuar en perjuicio de los ciudadanos más vulnerables mientras se acrecienta la brecha norte/sur, importa.
Que tu ayuntamiento malvenda viviendas sociales a fondos-buitre y te suban salvajemente el alquiler que pagabas mes a mes, importa. Y mucho.
Que tu comunidad no dote de medios suficientes y dignos a los colegios, los hospitales o los centros de día, importa. Y mucho.
Que las instituciones de la UE decidan sobre cuál debe ser el presupuesto destinado a proyectos de investigación y becas educativas, importa. Y mucho.
Que las ciudades sean habitables, que no se vacíen los centros de vida a favor del turismo pasajero, que funcionen los transportes públicos, que no cierren las escuelas de música, que se creen espacios de esparcimiento para jóvenes y mayores, que se construya vivienda pública, que se cuiden las zonas verdes, que se tengan en cuenta las necesidades específicas de cada barrio, que se habiliten comedores escolares en verano, que el código postal no determine tus expectativas vitales…ES MUY IMPORTANTE. Y para eso le otorgas un mandato a los miembros de las corporaciones municipales.

Que se facilite que la educación pública y de calidad siga siendo el mejor y más justo ascensor social, que funcionen de forma segura y efectiva los servicios de atención a las víctimas de violencia machista, que una correcta implantación de la ley de la dependencia contribuya a dotar de dignidad y autonomía a las personas, que no se deriven pacientes de la sanidad pública a los centros privados, que se protejan los espacios naturales y se racionalice la gestión de residuos, que se cree una red de transporte público que cohesione el territorio, que se facilite el acceso a la atención primaria de manera homogénea, que se fomente la cultura… ES MUY IMPORTANTE. Y para eso decides quiénes son las diputadas y diputados que componen el parlamento de tu comunidad autónoma.

Que Europa siga siendo un espacio convivencia en libertad e igualdad, que se controle la seguridad para la salud de los alimentos y medicamentos que consumimos, que se concedan becas de estudios que permitan la movilidad de los jóvenes, que se pongan límites a las emisiones contaminantes y se potencie el uso de energías limpias y renovables, que se garanticen los derechos humanos por encima de cualquier otra consideración, que el déficit público sea o no determinante para que los estados puedan seguir invirtiendo en políticas públicas, que se pongan o no límites a los grupos de presión, que el feminismo y el ecologismo se constituyan como pilares fundamentales en la construcción europea… ES MUY IMPORTANTE. Y para eso eliges quienes son tus representantes en el Parlamento Europeo.
Así que… ¿de verdad sigues pensando que las elecciones del domingo 26 de mayo “son de segunda”? ¿De verdad crees que ya cumpliste con tus obligaciones ciudadanas votando (y estuvo muy bien, eh…) el 28 de abril? ¿De verdad te vas a quedar en casa sin votar mientras otros deciden por ti cómo va a ser tu vida durante los próximos cuatro o cinco años (y más allá)? 
¿De verdad? ¿No? Ah, vale, pues entonces VOTA. Nos jugamos todo lo importante. Nos jugamos nuestro futuro y, sobre todo, el de nuestras hijas e hijos. Vota en las municipales, en las autonómicas y en las europeas. Vota con información. Vota con espíritu crítico. Vota con responsabilidad. 











jueves, 15 de mayo de 2014

Clientelismos

Si hubiera una vertiente política en el crimen de León, la única fuera de la locura y la falta de compasión de sus (presuntas) autoras, es la que refleja este artículo de El País y que nada tiene que ver con el "clima de crispación" actual. Ni con las redes sociales, ni con los escraches, ni con los ciudadanos críticos, ni con ninguna de las teorías conspiranoicas, en absoluto inocentes, lanzadas por los medios de la derecha (y de la caverna) y, a la sazón, expertos en movilizar y manipular.

La única vertiente política del deleznable crimen de León se remonta mucho más lejos. Viene del franquismo. Del maldito enchufismo y del maldito clientelismo. De ejercer el poder de manera arbitraria, despótica y caprichosa sin que nadie rinda cuentas por ello. Antes bien, todo lo contrario: aplaudidos y convertidos en reyezuelos/as locales.

Y viene también de entrar en ese círculo. De aceptar medrar a base de enchufes y recomendaciones. De doblegarse a los antojos del jefecillo/a local para tener el honor de que le dedique a uno una palmadita en el hombro y, quién sabe, con opción al próximo "cargo de confianza" vacante. Césares locales que unos expectantes súbditos, a veces incluso competentes profesionales que han vendido su alma al diablo, observan ansiosos, a ver para donde se orienta el pulgar. Vamos, como "La fiesta del chivo" de Vargas Llosa pero en versión liguilla regional.

Y esto poco tiene que ver con un partido (aunque afecte muy mayoritariamente al PP) ni con la coyuntura actual. Tiene mucho más que ver con una pésima cultura política, que no concibe la "polis" como lo público, lo de todos. O como respondía  el alcalde del cuento de García Márquez, preguntado por el dentista si le pasaba la factura a él o al municipio: "Son la misma vaina".

Confundir lo público con lo privado, perpetuarse en los cargos y disponer de los recursos como una propiedad o apostar el futuro profesional a la generosidad del poderoso, que, uno espera, corresponda a los favores otorgados. La "finca de papá", como decía la simpar Carmencita Franco al observar España desde el cielo, tiene abiertas desde hace décadas multitud de delegaciones locales y provinciales a cargo de jefezuelos regionales que, o bien a base de cadenas de favores (el Castellón de los Fabra es un caso paradigmático) o bien de miedo (como parecía ser más del gusto de Isabel Carrasco en León), dirigen arbitrariamente los destinos de organismos públicos.

El crimen de León no es político: es fruto de la sinrazón que conduce a algunos seres humanos a ejercer la violencia contra sus semejantes. Pero el asesinato de Isabel Carrasco vuelve a sacar a la luz pública lo que tantas otras veces, en contextos menos dramáticos, ya quedó patente: tenemos en España gravísimos déficits democráticos, que pudren día a día los cimientos de organismos municipales y provinciales, mientras desmontan la ética de lo público en amplias capas de la sociedad, víctima, a veces voluntariosa, de la podredumbre del clientelismo.

Así que como recordaba en un magnífico artículo Nacho Escolar, lo que necesitamos es más educación para la ciudadanía. Y no sólo para que haya menos descerebrados dispuestos a aplaudir muertes (me da igual que sea en Twitter o en la barra del bar). Necesitamos más educación ciudadana para que lo público sea gestionado con respeto y responsabilidad y para no caer en autoritarismos de pacotilla pero extremadamente nocivos. Y, por ende, necesitamos más educación ciudadana para que, ante casos de despotismo local o corruptelas varias, sus protagonistas reciban repulsa y no aplausos, que tengan que enfrentarse a la condena ética de los ciudadanos y no contar con el respaldo de sus votos. No está de más recordarlo de vez en cuando.